Sigamos con las historias del Sr. Ariel Heredia (a) Ariel BarujEl
Damnificada: Consuelo Endara (Ecuador):
“Cuando empecé la búsqueda sobre cómo lograr hacer la conversión y estudiar para prepararme para ella, me contaron sobre un grupo de familias que estaban preparándose para hacer la conversión ortodoxa (que era la que yo quería) aquí en mi ciudad, Guayaquil. Me contacté con ellos y me contaron de una Comunidad Jaredí localizada en Nahariya que estaba abriendo las puertas para los benei anusim que quisieran hacer el retorno al judaísmo. El nombre de la comunidad era Shuva y el rabino que la dirigía se llamaba Ariel Barujel. Aquí la comunidad contaba con un sheliaj nombrado con papeles notarizados y todo, enviados desde Israel, y estas personas ya tenían algunos meses en esto, así que imaginé que todo era serio, ya que además decía y así lo manifestaba en su página Web, que el rabino principal era el Rab Maitlis, de la Sinagoga Central de Nahariya. Lo que ofrecía esta comunidad era enviar un Beith Din para hacer las conversiones acá, tanto en Guayaquil como en las otras comunidades que se fueron abriendo después en distintas ciudades de Latinoamérica (en Colombia: Santa Marta, Barranquilla, Cali, Medellín; en México, Chile, Panamá, El Salvador, Perú, Costa Rica, Nicaragua, ciertas ciudades de Estados Unidos; una persona en Tenerife, España; y luego algunas personas de Argentina) Al principio no se exigió dinero, pero a medida que fue pasando el tiempo empezó a pedir aportaciones económicas o de lo contrario nos dijo que se tendría que cerrar la comunidad por no tener forma de financiarla. Como a los 8 meses de estar en la comunidad, nos informó que desde ese momento la comunidad era parte de Jabad y que por lo tanto teníamos que cambiar los sidurim con los que veníamos rezando (Birkat Shelomó) por el que usaba Jabad que era el Tehillah Hashem. Pagamos alrededor de $ 50 por persona para que nos los enviara, junto con un libro de salmos que también dijo que era obligación comprarlo, pero al final no llegaron los sidurim que supuestamente teníamos que usar ahora, sino unos que jamás llegamos a usar porque la traducción era pésima. Luego sacó unos cursos de sheliaj, de hebreo, de kashrut, y como dos o tres temas más que sinceramente ya no recuerdo, y cada curso costaba $100 por persona y él tenía que mandar el material por mail y tenía una duración de 8 meses y los exámenes serían trimestrales y tomados por la sala de Chat que él tenía en un programa llamado paltalk que usaba para dar sus shiurim tres veces por semana. Resultó que sólo mandó la primera parte del material y nunca volvió a enviar nada más. Yo no tomé los cursos porque estaba en una situación económica espantosa y realmente hice malabares para mandar la aportación mensual que él pedía, no era mucho, $25 al mes, pero créeme Israel que estaba tan mal económicamente que sacaba el dinero de la tarjeta de crédito porque simplemente no tenía otra manera de hacerlo, pero jamás dejé de enviarla, ni un sólo mes. Así como también envié lo que diezmaba de cualquier ingreso adicional que pudiera tener en el mes.
Con el pasar del tiempo nos dimos cuenta acá que el Beit Din no iba a venir nunca y decidí que la única forma de hacer la conversión era irme a Israel. Todo esto se lo consulté a este hombre y por supuesto le consulté, si al usar yo una silla de ruedas, no tendría problemas de acceso al lugar donde se dictaba el Ulpan Guiur, a lo que me contestó que no había ningún problema, que todo era a un sólo nivel. El sabía perfectamente de mi discapacidad porque uno de los problemas que tuvimos fue encontrar una vivienda que fuera accesible para mí y que estuviera a un precio que yo pudiera pagar. Lo único que se encontró fue un cuarto minúsculo en un lugar muy, muy humilde, pero B¨H que apareció y que pude vivir ahí todo esos meses. Yo tengo una familia muy amiga mía en Israel, ellos viven en Kfar Shamaryahu, son sabras y mi amigo sabía exactamente qué necesitaba yo para poder vivir en ese lugar, así que me hizo el favor de pegarse el viaje para ver cómo estaba la vivienda y me dijo que con unos arreglos que él mismo haría en el baño, todo estaba bien. En una de mis conversaciones telefónicas con Barujel, me dijo que lo primero que tenía que hacer cuando llegara era ir a Haifa con él a la Rabanut para que el Rab Shor, que era la persona encargada de eso, cambiara mi visa de turista por una de estudiante. Así que finalmente conseguí un préstamo aquí (me lo hizo mi padre), renuncié a mi trabajo y me fui a Israel. La primera cosa de la que me enteré al llegar a Nahariya fue que el Ulpan tenía lugar en un miklat por lo cual era imposible atender las clases ahí para mí porque no había forma de bajar esas escaleras con la silla y menos como una rutina diaria. El insistía en que lo hiciera de cualquier modo, pero yo me negué rotundamente porque simplemente no podía afrontar el riesgo de una caída. El lugar donde vivía quedaba lejos de donde estaba la famosa kehilá y me fue súper difícil conseguir transporte para ir, a pesar de que el dueño de casa hizo todo lo posible para ayudarme a encontrar taxistas que me llevaran. Fue una época durísima porque había días en ni siquiera podía salir de casa para ir a comprar comida. En todo ese tiempo jamás, ¡JAMAS! tuvo el menor gesto de solidaridad o interés para tratar de encontrar soluciones, aunque mucho después un día me dijo que tenía contactos con una compañía de taxis que le debían favores y cuando le pedí el número para contactarme con ellos me dijo que a mí no me pararían bolilla, pero él jamás llamó tampoco. B¨H las cosas se solucionaron porque el Cónsul de Israel en Guayaquil y su esposa, son amigos míos y me regalaron una silla de ruedas eléctrica y con eso solucioné todos mis problemas de transporte. Luego me enteré por A...., que esa época todavía entraba a los shiurim que este hombre daba ahora por una radio en Internet, que le dijo a todo el mundo que la silla la había conseguido él a través de Jabad (la silla me la llevó a Nahariya un rabino maravilloso de Jabad en Jerusalén, que es amigo de mis amigos). Durante el primer mes y medio jamás pude asistir a ninguna de las clases en el Ulpan por el problema de las escaleras; sólo cuando supo que iba a haber una visita del Rab Maimón que era la persona designada por el Ministerio de Educación para supervisar los ulpanim guiur, decidió conectar la computadora que yo llevé con una que ellos tenían allá para poder tomar las clases vía Internet en la kehilá. En total habré escuchado unas 4 clases en total porque a veces no había conexión o problemas de ese tipo.
Desde que llegué, le insistí para hacer la cita con el Rab Shor en Haifa para solucionar el problema de la visa de estudiante. Me daba largas todo el tiempo diciendo que quería que estuviera ¨afilada¨ para la entrevista. Yo tenía casi dos años viviendo una vida judía y aunque por supuesto que me faltaba (y me falta) millón por aprender, sabía que podía presentarme para hablar con el Rab Shor. Finalmente hizo la cita cuando yo ya tenía casi dos meses en Israel. Cuando fui a la entrevista (a la cual él no me acompañó) me llamó la atención que el Rab Shor no me hizo ni una sola pregunta sobre judaísmo, y en cambio sí me preguntó si había tenido algún problema en la comunidad, si estaba contenta, y que si sabía que había personas que habían tenido problemas. Le contesté que había habido problemas de logística al principio pero que ya se habían solucionado y que de los problemas con otras personas, sólo me había enterado al llegar a Nahariya. Aquí entra en juego un factor que él manipula todo el tiempo: el miedo. Miedo a no poder hacer la conversión ya que él decía que la única posibilidad para casos como los nuestros era su comunidad. Por ese miedo aguantamos por mucho tiempo la forma como este hombre nos trataba, la forma en que humillaba a las personas por el sólo hecho de hacer una pregunta para poder aprender, la forma hiriente en que nos hablaba y sus explosiones de mal humor.
Hasta que finalmente, después de las fiestas grandes, la cosa ya fue insostenible y decidimos salirnos una pareja colombiana (Yoel y Leah), una familia mexicana que también había llegado (Moshe, su esposa Sara y sus 3 hijas) y yo. Y ahí empezamos a pagar (aún más) las consecuencias de haber confiado en este tipo. Decidimos que era nuestra obligación moral denunciar ante el Rab Shor lo que estaba pasando para tratar de evitar que otras personas pasaran por todo lo que nosotros habíamos pasado. Y ahí empezaron los descubrimientos. No éramos ni los primeros ni los únicos. Ya había habido denuncias y eran como 30 personas las perjudicadas. Supuestamente nuestras visas de estudios estaban por salir, pero al denunciar las irregularidades que estaban teniendo lugar, se paró todo y como consecuencia, también nos negaron la extensión de la visa de turistas. Así que de repente estábamos como ilegales en el país. La opción era irnos de inmediato y salir igual como ilegales, o correr el riesgo y quedarnos y tratar de lograr que nos dieran la visa de estudios, así que nos quedamos. Hablamos con el Rab Maitlis en la Sinagoga Central, con el Rab Maimón en la misma Kehilá y delante de Barujel, con los rabinos principales de Jabad en Nahariya, tanto el Rab Baruch como el Rab Butman (ya que a ellos los había engañado este hombre haciendo subir a leer la Torah a hombres que no eran judíos y algunos que ni siquiera estaban circuncidados). Pero nada sirvió, Israel. Los únicos que hicieron algo al respecto fue la gente de Jabad, que lo expulsaron de su sinagoga. Tanto ellos como el Rab Maitlis le hicieron sacar sus nombres y fotos de la página Web de la pseudo comunidad. Pero la comunidad siguió, no suspendieron el Ulpan, él pudo seguir transmitiendo por su radio en Internet y por lo tanto seguir engañando a las personas, que era lo que nosotros queríamos evitar.
No hay palabras para describirte Israel, lo que fue estar ilegalmente en el país. La sensación era horrorosa, porque jamás habíamos hecho algo ilegal en nuestra vida y de repente estar haciéndolo era terrible. Era estar todo el tiempo con miedo porque podíamos ser deportados si nos descubrían, sabiendo además que había gente queriendo dañarnos, porque si este hombre tenía la menor oportunidad lo iba a hacer. Movimos cielo y tierra, tocamos todas las puertas que pudimos. Hubo muchísima gente maravillosa tratando de ayudarnos, pero desgraciadamente ellos no tenían idea de cómo era todo el proceso de las conversiones. Y en todo ese caos fuimos descubriendo el gran engaño. Barujel no se llamaba así, si no que su verdadero nombre era Ariel o Roberto Heredia; no era judío de nacimiento sino que había hecho conversión hacía unos dos años y medios más o menos; no era rabino; ¡y en Israel no se puede hacer conversión a menos que se tenga teudat zeut! Nosotros éramos lo que llamaban casos de excepción, y esos casos son rechazados en más de un 90% Era terrible ver cómo las semanas pasaban una tras otra, siempre esperando recibir alguna buena noticia, con miedo a que algo pasara y sintiendo que no hacíamos nada de lo que habíamos ido a hacer. Todo ese stress comenzó a pasar factura hasta el punto de que nuestra salud se vio afectada, pero no podíamos ir a un médico ¡porque sabíamos que estábamos indocumentados! En medio de todo ese caos, E... fue un ángel para nosotros, pues nos permitió asistir a su Ulpan y aprender en un mes, lo que jamás habíamos aprendido con Barujel o como sea su nombre. Además nos mostró lo que prepararse para la conversión debe ser: algo lleno de alegría, de la emoción de sentir que al aprender uno se acerca un poquito más a la meta, sentir por fin la calidez y el ser bienvenidos.
Finalmente supimos que nos habían vuelto a negar la visa de estudiantes y me dí cuenta que era tiempo de volver a mi país. Pero Hashem es tan misericordioso que decidió que no volveríamos con las manos vacías y 48 horas antes de viajar, pude hacer mi conversión junto con Leah y Yoel.
Me preguntas con quién la hice Israel y eso es a lo único que no te puedo responder con detalles porque podría perjudicar a las personas que nos ayudaron. Sólo te diré que la hicimos en Meah Shearim, con rabinos ortodoxos, una conversión totalmente kosher y de acuerdo a la halajá, pero como te imaginarás que no es reconocida por el Estado de Israel. ¡¡¡Pero soy judía!!!! Y no hay palabras para explicarte la felicidad y la paz que siento, no hay forma de describirlo. Sólo te puedo decir que valió cada la pena cada lágrima, cada minuto de miedo, de soledad, la enfermedad, todo, todo valió la pena con tal de lograr ser judía. Acá yo ya fui admitida en la sinagoga, participo de la comunidad judía aquí y trato de vivir mi vida de acuerdo a la voluntad de El.
Este hombre no ha parado en sus actividades y hace poco envió una comunicación a todos los miembros de la comunidad que aún mantiene, hablando horrores de Leah, Yoel y de mí. Me impresionó la cantidad de calumnias que se inventó, pero realmente a mí no me afectan sus mentiras, lo que sí me estremeció fue que volvió a maldecirnos diciendo que jamás seríamos parte del pueblo judío, y aunque sé que ya lo somos, fue algo que realmente me espeluznó, pues me di cuenta de la maldad inmensa que encierra ese hombre”.
ISRAEL HALEVI
jueves, 2 de abril de 2009
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Verdadera-mente expelucnante,que halla personas que se quieran enriquecer a base de personas que sean nobles y sinceras,es horripilante.Desde luego en todas parte existen personas que en vez de tener temor de D.s ,más bien son seguidores del mal.Hoy en día y antes también,se dan falsos rabinos,falsos evangelicos,y falsos profetas ,y aun así tienen la desfachatez de maldecir.Lo que hay es que aunque ellos maldigan,D.s nos bendice,y mucho más cuando lo único que hacemos es buscad la voluntad del ETERNO.
ResponderEliminarAsí que no estad preocupados-as por la maldición de un hombre que lo único que quiere es llenarse los bolsillos.Vuestro testimonio,es bueno puesto que aquellos que lo lean se podrán libra de las garras de estos manipula-dores,que por sus obras son conocidos
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